Tarde
Cae
siniestra la tarde, trayendo de su mano la desdicha final, se te cierran los
ojos como bóvedas y aquí estoy yo mirando como dejas de existir.
Aquella
tarde de octubre yo te amaba, soñaba con tus manos deslizándose por mi cuerpo,
soñaba con un juego nocturno, aquella yo te soñaba y tú me ignorabas ¿lo
recuerdas Carlos? ¿recuerdas que mi
inquieta mirada siempre se desviaba hacia la mitad de tu cuerpo? Decías que te
gustaba la forma en la que jugaba enredando mi cuerpo con el tuyo ¿acaso eras
tan imbécil para no darte cuenta de mis verdaderas intenciones?
¡Definitivamente Carlos, tú eras un estúpido!
Ignoraste que yo ardía de deseo que tu
mirada encendía mi lado animalesco,
hiciste caso omiso que la dama quería ser puta en tus sábanas, que
desperdicio ¿verdad? Hubieses gozado tanto si no hubieses elegido ser un
tarado.
Hoy tú estabas cerca de la pared, tenías la
vista perdida cuando decidí que serias mío, yo no sé qué
clase de droga bloqueo mi consiente por completo, quizá fue el humo del cigarro
o las numerosas copas de ron, yo que sé, lo único que sabía era que te comería,
en ese instante tú eras mi presa, te
sonreí con inocencia, mi cara de ángel elimino sospechas, correspondiste mi
saludo con tu mano despeinando mi cabello, no sé qué diablos pregunte, eso no
tiene relevancia.
¿Carlos
me acompañas? Fue la pregunta final, sonreíste y caminaste a mi lado, llegamos
a mi lugar favorito, ese rincón donde la oscuridad es más densa pues ahí la luz
está prohibida, en ese instante te empuje, ahí, en el comienzo de la entrada al túnel mordí tu
boca, rasgue mi falda y busque el despertar de aquella parte tuya que siempre
imagine.
Esperaba
una respuesta, deseaba que tu lado salvaje aflorara, que me tiraras al piso
que me exploraras, pero no, seguías
inmune con esa sonrisa que ahora despertaba mi enojo, me empujaste hacia atrás
y con los ojos encendidos me dijiste esa parte que deseas es de Mario. Oh
desdicha y con todo lo que había
imaginado, comenzaron aflorar mis lágrimas, recordé cuando me contabas las
maravillas que hacías con tus amantes, te mofabas de ser un macho, llevabas a
la gloria a toda mujer que se pusiese en tu delante. Ahora eso resulta tan solo
una falsedad, una pantalla.
¡Ay
Carlos! Si hubieses hablado con la verdad, si desde un principio me hubieses
dicho que eras gay no hubiese tenido que matarte, pero tú sabes que no es mi culpa, sabes
conscientemente que fue por tu causa, por eso te dejaste ir, te dejaste matar
sin derramar una lágrima, ni un aullido de dolor, pero alégrate tu tumba está
cerca del túnel que tanto amo, sabes
Carlos he de confesarte algo, el túnel
se parece a ti es el comienzo y el final de todo y pronto te acompañara Mario prometo que lo
traeré para que te vea.
Que
descanse en paz, Carlos querido.
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