lunes, 14 de julio de 2014

Tarde ( cuento )

Tarde
Cae siniestra la tarde, trayendo de su mano la desdicha final, se te cierran los ojos como bóvedas y aquí estoy yo mirando como dejas de existir.
Aquella tarde de octubre yo te amaba, soñaba con tus manos deslizándose por mi cuerpo, soñaba con un juego nocturno, aquella yo te soñaba y tú me ignorabas  ¿lo recuerdas Carlos? ¿recuerdas que mi inquieta mirada siempre se desviaba hacia la mitad de tu cuerpo? Decías que te gustaba la forma en la que jugaba enredando mi cuerpo con el tuyo ¿acaso eras tan imbécil para no darte cuenta de mis verdaderas intenciones?
¡Definitivamente Carlos, tú eras un estúpido! Ignoraste que yo ardía de deseo  que tu mirada encendía mi lado animalesco,  hiciste caso omiso que la dama quería ser puta en tus sábanas, que desperdicio ¿verdad? Hubieses gozado tanto si no hubieses elegido ser un tarado.
Hoy tú estabas cerca de la pared, tenías la vista perdida cuando decidí que serias mío, yo no sé qué clase de droga bloqueo mi consiente por completo, quizá fue el humo del cigarro o las numerosas copas de ron, yo que sé, lo único que sabía era que te comería, en ese instante tú  eras mi presa, te sonreí con inocencia, mi cara de ángel elimino sospechas, correspondiste mi saludo con tu mano despeinando mi cabello, no sé qué diablos pregunte, eso no tiene relevancia.
¿Carlos me acompañas? Fue la pregunta final, sonreíste y caminaste a mi lado, llegamos a mi lugar favorito, ese rincón donde la oscuridad es más densa pues ahí la luz está prohibida, en ese instante te empuje, ahí,  en el comienzo de la entrada al túnel mordí tu boca, rasgue mi falda y busque el despertar de aquella parte tuya que siempre imagine.
Esperaba una respuesta, deseaba que tu lado salvaje aflorara, que me tiraras al piso que  me exploraras, pero no, seguías inmune con esa sonrisa que ahora despertaba mi enojo, me empujaste hacia atrás y con los ojos encendidos me dijiste esa parte que deseas es de Mario. Oh desdicha  y con todo lo que había imaginado, comenzaron aflorar mis lágrimas, recordé cuando me contabas las maravillas que hacías con tus amantes, te mofabas de ser un macho, llevabas a la gloria a toda mujer que se pusiese en tu delante. Ahora eso resulta tan solo una falsedad, una pantalla.
¡Ay Carlos! Si hubieses hablado con la verdad, si desde un principio me hubieses dicho que eras gay no hubiese tenido que matarte, pero  tú sabes que no es mi culpa, sabes conscientemente que fue por tu causa, por eso te dejaste ir, te dejaste matar sin derramar una lágrima, ni un aullido de dolor, pero alégrate tu tumba está cerca del túnel que tanto amo,  sabes Carlos he de confesarte algo,  el túnel se parece a ti es el comienzo y el final de todo  y pronto te acompañara Mario prometo que lo traeré para que te vea.

Que descanse en paz, Carlos querido.                                                                 

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