Si, la
desgracia había llegado.
La desgracia era inevitable.
Como hace ya una semana que el cielo la anunciaba, si
hasta el aire traía el olor indiscutible de llanto próximo.
Ella lo sabia, era consiente de que algo andaba
pasando y por eso como nunca antes deseaba ser poseída . Ella era la que buscaba
al macho en su marido, siempre andaba inquieta, insinuaosa, dejaba abierto el
ultimo botón de su blusa para que él viera
sus dos escasos pero firmes argumentos delanteros. En el caso de que él
no lo notase aun tenia la costumbre de agacharse sensualmente haciendo que
resaltara su parte de atrás “esa nunca falla” decía ella, pero esta vez se equivoco,
su esposo la miro sin inmutarse. La podre de
Elisa, ella que siempre fue tan recatada y mojigata, ella tan guardosa y
en el fondo tan fogosa, no sabia que
hacer. Ahora recuerda que muchas veces cuando su esposo solicito sus caricias
ella lo rechazaba con gran esfuerzo “una mujer decente no disfruta cosas
indecorosas ” y a Elisa le fascinaban las apariencias, la religión, las buenas
costumbres pero sobre todo aparentar ante la sociedad, a eso se debían sus
vestimentas, una blusa de botones muy holgada y una falda acampada siempre baja
de color oscuro, porque ella era decente, sobre todo decente, por eso criticaba
las vestimentas exhibicionistas aun que en el fondo deseaba usarlas mas que las
que la llevaban puesta .
Desesperada, sudando y al borde de la locura se paro
enfrente de la tienda a la que siempre veía de lejos “sexi locuras” ahí estaba,
así que entro de una sola carrera, pidió el babydool el mas picante de todos lo pago y salió
corriendo de nuevo.
El olor a desgracia esta vez se condenso y creció como
nunca pero ella no lo noto.
Elisa estaba nerviosa, hacia la cena sin dejar de ver
el reloj de la cocina que parecía correr como nunca, cuando termino se encerró
en el baño, su esposo comió solo (ella no tenia apetito, tenia hambre)
Cuando él estaba en la cama apareció Elisa con su
traje negro todo apretado, se veía
hermosa, comestible como un buen chocolate pero Ramiro solo la miro.
Elisa angustiada pero decidida como nunca se abalanzo
sobre él, esta vez ella lo montaría y haría lo que su mente ardiente le
dictara, lo mordió, lo aruño pero no lo éxito. Entonces lo comprendió, había
muerto, no había nada que hacer, ni el viagra podía levantarlo, lo mas valioso
de Ramiro (aparte de su corazón) ahora era inútil y ella de una forma extraña
murió con él ¿qué seria de sus deseos? Maldijo en otro idioma con las lágrimas
corriendo sin cesar.
Entonces miro a Ramiro, lo encaro y por primera vez
anuncio que el amor que los unía se había evaporado.
Si, la desgracia había llegado.